The Journey Down: Chapter One (SkyGoblin, 2012)

Casa de Bwana y Kito.
Arrancábamos el blog hablándoos sobre la primera versión de este capítulo que abre la aventura serial. Es el turno de su versión definitiva. Gráficos en alta resolución, más animaciones, más personajes, más localizaciones, más jazz... más The Journey Down. Los encantadores gráficos de la versión retro palidecen frente a esta versión HD que sí explota todas las capacidades de Theodor Waern y el nuevo miembro del equipo, Henrik Englund.

Bwana y Kito.
Bwana y Kito son inseparables desde pequeños, regentan la estación de servicio Kaonandodo's Gas 'N' Charter en la Bahía de Kingsport. Kaonandodo es su padre adoptivo, del que hace tiempo que no saben nada. La compañía eléctrica Armando Electric Co. les reclama una gran deuda que pone en riesgo la continuidad del negocio. La esperanza está a punto de desvanecerse cuando entra en escena una mujer con dinero fresco en el bolso, Lina, que está buscando un extraño libro que supone la clave para poder llegar a la prohibidísima Underland. De esta manera, Bwana y Kito se embarcan en una aventura con la intención de salvar su negocio y se sitúan en el punto de mira de la oscura multinacional.

Este primer episodio sirve de presentación de los personajes e introducción al universo de la aventura. La historia apenas dispone un punto de partida que por sí mismo no resulta singular: héroes por accidente sumidos en una gran conspiración.

Máscaras africanas.
Si no en el fondo, desde luego The Journey Down es original en las formas. Consigue, a través de un pastiche, modular una atmósfera propia. Se vale de máscaras africanas, un tanto del Caribe,  arrima un poco de jazz, unas gotitas de reggae, todo ello sazonado con cierto aire noir... para lograr un universo identificativo y muy fácil de digerir por el jugador. Un proceso de creación en la línea de Grim Fandango.

 Restaurante Mama Makaena's en Kingsport.
La consecución de la atmósfera es uno de los grandes anhelos de cualquier creador y el aspecto más destacable de The Journey Down. Todo en la aventura contribuye a su establecimiento. El paso a grandes resoluciones permite apreciar todavía mejor los fondos, con esa fantástica iluminación binaria en la mayoría de escenarios: los dorados de la luz eléctrica coexisten con el argentado fulgor lunar. Pero sobre todo se percibe el salto cualitativo en el diseño de los personajes, ahora en tres dimensiones, mucho mejor integrados en los escenarios, más definidos y mejor animados. Ahora guarda una mayor coherencia. En The Journey Down conviven con naturalidad elementos bi y tridimensionales. La pequeña Kingsport reposa al abrigo de la colosal St. Armando, ahora refulgente, constituida por miles de polígonos. La animación es más fluida y variada, apenas desentonan cierto animalillo de fugaz intervención y los momentos en los que el personaje camina entre dos elementos situados a diferente altura, como por ejemplo escalones, los supera como si fuesen planos. La elección de paleta alienta el distendido modo de vida de la bahía: colores cálidos pero al mismo tiempo relajantes. La excepcional banda sonora del saxofonista Simon D'souza caracteriza el conjunto. El acompañamiento musical se vertebra en el desenfadado tema reggae que acompaña al protagonista, Bwana, el más vitalista de los vecinos de Kingsport. Se mezcla este con Jazz y música clásica para recorrer todas las emociones del aventurero al jugarla. Del siniestro y misterioso tema de apertura a la sensual presentación de Linda, capta los trazos identificativos de cada localización. La peculiaridad del lugar es recogida por un casting de voces muy acertado en los papeles principales, hasta tal punto que uno tiene la sensación de que los personajes siempre han sonado así; incluso en la versión previa, antes de que hablaran. Hay que destacar la dirección de doblaje del propio Waern: la motivación siempre está clara y los acentos se mantienen en su punto justo. También debemos lamentar que la sincronía labial no fuese más afinada durante el juego, aunque sí lo es en las escenas de vídeo.

A pesar de la amenaza de la empresa eléctrica que pende sobre Kito y Bwana, la vida en Kingsport transcurre en cierta manera relajada. Fluye. Hay un oximorónico dinamismo reposado que debe conservar la jugabilidad. Esa es otra de las virtudes de esta aventura, su ágil discurrir: no abusa de las líneas de diálogo, la velocidad de desplazamiento es adecuada, las distancias no son excesivas —aunque algún atajo más tampoco habría hecho mal—, su sistema de juego es muy simplificado y los puzles apenas nos detendrán. Todo ello nos deja una introducción a la aventura episódica que no nos llevará más de una o dos tardes.

Habitación de Bwana.
La interfaz apenas cambia desde la versión previa. Se elimina el clic derecho que estaba destinado a las descripciones en el inventario, pero se compensa con la introducción del sistema drag & drop. Con un clic sobre los objetos que poseemos se nos da una pequeña descripción. Si queremos combinarlos, debemos arrastrarlos hacia otros objetos o algún hotspot. En la exploración del entorno todo se hace con una única pulsación que realiza la acción prefijada por el diseñador —usar, recoger, hablar, mirar...—. En The Journey Down el punto de vista de los escenarios es cercano y los objetos son suficientemente grandes. El sistema no representa ninguna molestia. La versión actual utiliza un motor propio, GobbyMarkus Larsson y Mathias Johansson son los programadores—, y es multiplataforma —razón de este cambio en la interfaz, que favorece su port a dispositivos móviles—. Está disponible para Windows, Mac y Linux —jugado por mí en Ubuntu, debo reseñar una desincronización del audio en la intro— y muy pronto para iOS y Android.

Bwana en un hidroavión.
Ya habíamos comentado que el hecho de alargar una aventura no tenía por qué repercutir negativamente en ella si esos nuevos puzles amplían la historia, introducen nuevos personajes y penetran más en su universo. La principal fuente de nuevos rompecabezas es el infortunio, del que no conviene abusar. El diseño de puzles sigue siendo la parte menos sofisticada del juego. Esta revisión lo mejora un poco, añade algo más de complejidad en la consecución de ciertos ingredientes en el par de recetas, que siguen siendo el vehículo de la historia en esta presentación. Se introduce un rompecabezas del tipo sucesiones —que combina además sucesos y tiempo— y se elimina uno del tipo secuencial y combinatorio bastante tedioso que aparecía en la versión previa. Eso le otorga mayor verosimilitud. No abusa de los puzles de tablero, como tan común es en las aventuras actuales, pero el que hay es incoherente y está introducido en un punto clave de este primer episodio —por lo menos es muy simple, no nos sacará de quicio—. El diseño se fundamenta en la combinación: uniones simples que no le sacan todo el jugo al universo introducido, pero al mismo tiempo se cae con cierta frecuencia en las soluciones caprichosas y de sentido difuso. No hay cambios significativos en la historia respecto a la versión retro, mas sí se incluyen nuevos personajes y escenarios que nos ayudan a conocer mejor Kingsport y nos permiten una mayor penetración en su universo.

Para intentar evitar la indeseable combinación aleatoria de objetos, solo podremos realizar ciertas acciones una vez cobren sentido. Eso nos puede llegar a despistar si las intuimos antes de tiempo. Cae en el puzle inverso —encontramos la solución a un problema que todavía no se ha presentado— y un par de veces en el que se resuelve simplemente porque existe; solo lo comprendemos una vez resuelto —ya comentamos en esta entrega de Spoilers didácticos que puede funcionar solo de manera puntual y como metapuzle; no es el caso—.

Este primer capítulo es el rudimento de una serie con muchísimo potencial. Se trata de una aventura dinámica con altos valores estéticos, simpática, poseedora de una atmósfera propia y envolvente, un protagonista carismático y una historia todavía por despegar que tiene el aliciente de esa misteriosa Underland que tanto juego prevé dar. Esperemos que los malos abandonen el cliché en el que están instalados en este arranque y el diseño de puzles sea más avanzado en futuras entregas. Aunque se haya jugado ya a la versión previa con gráficos retro, merece la pena acercarse a esta The Journey Down: Chapter One, más pulida, más ágil y todavía más bonita.



Para la elaboración de este análisis se ha jugado a una copia proporcionada por los desarrolladores (clave de Desura).


Comparativa con la versión retro



 
 
 




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Sobre Miguel R. Fervenza

Además de intentar desentrañar los misterios de la aventura en Indiefence, puedes leerme en mi blog ficcionando sobre cualquier tema. También escribo de vez en cuando en El Pixel Ilustre. @mrfervenza

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2 comentarios:

  1. Gracias por la reseña, David_holm. Todavía no sabía si comprar esta nueva versión o no. Veré de comprarla cuando acabe con la tercera temporada de los Sam y Max, y con el Resonance.

    Jugué la versión gratuita y me gustó, sobre todo por lo mismo que tú indicas: la atmósfera. Coincido también contigo en que lo más bajo son los puzzles y yo añadiría la interfaz: ya estoy cansado de solo tener dos opciones para elegir.

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  2. Todo lo bueno que tiene la versión gratuita, se mantiene y se potencia aquí, con la rebaja del precio a la mitad, vale la pena acercarse. El tema de las interfaces tiene también mucho que cortar, en el futuro habrá algún que otro artículo dedicado a la interfaz, su evolución, la necesidad de desprendernos de los estándares y los pros y contras de dar muchas opciones de acción al jugador.

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